El fiscal pide archivar la causa contra el empresario López Madrid por acoso sexual

La Fiscalía de Madrid ha solicitado al juzgado de instrucción número 39 de la capital el sobreseimiento provisional de la causa contra el empresario Javier López Madrid por presunto acoso sexual y amenazas a una dermatóloga, al considerar que las acusaciones no merecen “crédito”.

Por este motivo, en el escrito presentado el Ministerio Fiscal solicita que se deduzca testimonio a la doctora Elisa Pinto por si los hechos fueran constitutivos de un delito de acusación y denuncia falsa, pues sus declaraciones no son “convincentes ni lógicas”.

“No se descarta que obedezcan a una fabulación o a otro tipo de razones”, añade el fiscal que pide no solo sobreseer la causa contra López Madrid sino también la que está abierta en este mismo proceso contra el comisario José Manuel Villarejo, acusado de agredir a la doctora.

Según recuerda el escrito del fiscal, las actuaciones tienen su origen en diciembre de 2013 cuando Pinto denuncia por primera vez a López Madrid, a quien llega a denunciar otras trece veces hasta mayo de 2014.

Acoso desde 2012

Pinto asegura que es acosada desde 2012 por López Madrid, consejero de OHL, si bien la Fiscalía recuerda las conclusiones de un estudio de la Guardia Civil sobre los teléfonos móviles empleados para mandar mensajes amenazantes. Uno de ellos, constata el informe, coincide con los posicionamientos de otros teléfonos de Elisa.

Otras razones por las que el Ministerio Público no da crédito a la denunciante es la relación pro teléfonos que sigue manteniendo con su presunto acosador después de interponer diversas denuncias, así como otros informes caligráficos.

“La falta de coincidencia en las sucesivas declaraciones empaña su credibilidad”, añade el fiscal, que pide al juzgado de instrucción que deje sin efecto un auto en el que se acordaba una orden de alejamiento de la doctora.

Para saber más de López Madrid leer eleconomista.es

El fiscal ve falsedad en la denuncia de la doctora contra Javier López Madrid

La dermatóloga Elisa Pinto se autoenviaba mensajes amenazantes y los atribuyó al yerno del dueño de OHL y al comisario José Villarejo

a Fiscalía de Madrid considera que la dermatóloga Elisa Pinto pudo cometer un delito de denuncia falsa contra Javier López Madrid, yerno del dueño de la constructora OHL, y contra el comisario del Cuerpo Nacional de Policía José Villarejo, a los que acusó de amenazas y agresión con arma blanca. Tras una investigación exhaustiva, la fiscal demanda que se archive la causa contra ambos, que instruye el Juzgado de Instrucción 39 de Madrid, y asegura que las 13 denuncias que interpuso Pinto por estos hechos “no merecen crédito” alguno.

La fiscalía tacha de invención las denuncias de Pinto. A López Madrid le atribuyó acoso sexual y mensajes amenazantes que distintos informes periciales revelan que se los autoenvió ella misma; y al comisario le imputó una agresión con arma blanca a instancias de López Madrid.

La fiscalía se ampara, entre otros, en un informe criminológico que analiza los supuestos mensajes amenazantes y desvela que quien los hizo actuó por “despecho” y con la intención de “hacer daño a la imagen personal de la víctima” y que sugiere la autoría de la propia dermatóloga. E incluso señala que la letra de una carta amenazante que supuestamente recibió Pinto y que ella atribuyó a López Madrid coincide con la que figura en los exámenes escolares de su hijo de 12 años. Es decir, que utilizó a sus hijo para autoenviarse una carta coactiva e imputar su contenido al directivo de OHL.

Además, la fiscalía desmonta con otros informes periciales la agresión que Pinto endosó, por otra parte, al comisario José Villarejo. Dijo que, estando con su hijo en un coche, estacionado, se le acercó el comisario por la espalda y la agredió con un arma. El visionado de las cámaras de seguridad del lugar donde ella situó esa agresíón la desmiente. Estaba sola dentro del coche y nadie se le acercó y menos aún la acuchilló, según refleja el visionado.

En el escrito en el que pide el sobreseimiento de la causa contra Villarejo y López Madrid, la fiscalía destaca que, entre noviembre de 2013 y hasta mayo de 2014, Pinto interpuso un total de 13 denuncias en las que atribuía a ambos agresiones y amenazas. Señala la fiscal que en el sumario consta numerosas llamadas de hasta una hora de duración entre Pinto y López Madrid y, además, entre enero y octubre de 2013, “intercambio de regalos y correos de tipo profesional y de amistad”, así como, a partir de noviembre de 2013, “whatapps entre ambos”.

En una de sus denuncias, Pinto indicó que López Madrid “la acosaba sexualmente” y que, incluso, le comentó que había contratado al comisario José Villarejo “para ponerla en su sitio”. La fiscal señala que no hay nada acreditado al respecto y sugiere que las pruebas que aporta la doctora pudieron ser fabricadas. Para desentrañar este asunto, que ha generado un abultado sumario, la fiscalía apela también a un informe de la Guardia Civil que ha analizado los posicionamientos geográficos de los teléfonos desde los que se hicieron las llamadas amenazantes y que revela que fue ella la que se enviaba así misma mensajes para aparentar que procedían de López Madrid. Es decir, el posicionamiento de los teléfonos desde los que se lanzan los mensajes coincide con la zona donde vive la doctora Pinto. Según las pesquisas, tales mensajes salieron de móviles con tarjeras prepago que supuestamente adquirió la propia dermatóloga.

Para saber más de Javier López Madrid leer elpais.com

El ‘sicario’ era la dermatóloga

La policía concluye que la doctora Pinto o alguien de su entorno envió mensajes al yerno de Villar Mir y se hizo pasar por un asesino a sueldo. Señala al hijo menor como autor de notas amenazantes contra su propia madre

La policía cree que la dermatóloga Elisa Pinto se hizo pasar por un sicario, se autoenvió notas amenazantes y luego denunció al empresario Javier López Madrid para destruir su reputación. Para dificultar la investigación y según explican los informes policiales, la doctora hizo que su hijo de once años escribiera varias notas amenazantes. Luego, ella misma recibió esos mensajes en su casa y los presentó ante los agentes como prueba para acreditar su acoso.

Desde que se presentó la primera denuncia en diciembre de 2013, Policía, Guardia Civil, dos juzgados de instrucción y la fiscalía de Madrid tratan de determinar si la doctora Pinto fue víctima de acoso y agresiones por encargo o si, por el contrario, es la autora de un montaje que ha servido para desprestigiar tanto al empresario Javier López Madrid, yerno de Juan Miguel Villar Mir, como al comisario José Villarejo. Los últimos peritajes presentados ante la Justicia apuntalan con fuerza esta segunda tesis.

EL HOMBRE DEL TATUAJE

El 21 de diciembre de 2013, cuatro días antes de Navidad, la dermatóloga Elisa Pinto interpuso la primera denuncia por acoso. La doctora se presentó a primera hora de la tarde en la Comisaría de la Policía Nacional en el distrito madrileño de Chamartín acompañada por su hijo menor (en ese momento tenía nueve años). Aseguró que un individuo anónimo, de unos 50 años de edad, se había acercado al niño para lanzarle un mensaje. Antes, la dermatóloga había recibido llamadas amenazantes desde números ocultos. Mensajes velados que le ponían en alerta: “Tienes unos hijos muy guapos”.

Fue entonces cuando Elisa Pinto contó a los agentes que desde “marzo o abril de 2012” mantenía una relación de “coqueteo” con el empresario López Madrid. Una relación que se había torcido contra su voluntad hasta convertirse en acoso. Según su relato, el empresario llegó a su consulta para tratar un problema epitelial de su hija. El consejero delegado del Grupo Villar Mir consiguió su teléfono personal y tras varios meses, terminó haciéndole proposiciones groseras que se transformaron en acoso. 

A lo largo de los días siguientes, la doctora acudió de nuevo a comisaría junto a su hijo para aportar más datos. El menor declaró haber visto de nuevo al hombre desconocido, al menos en tres ocasiones, a la salida del colegio. El 13 de enero de 2014, Elisa Pinto realizó una nueva ampliación de su denuncia. Aseguró entonces que había sido acuchillada en el hombro izquierdo a la salida del colegio de su hijo. Siempre según su versión, el agresor era una persona de unos 50 años de edad, con abrigo gris y “un tatuaje circular en la mano derecha”. El parte de lesiones expedido en el hospital Gregorio Marañón de Madrid confirma que la denunciante tenía una “herida incisa de tres centímetros en el hombro”. 

DENUNCIAS CRUZADAS

El 9 de abril de 2014, Elisa Pinto ratificó sus denuncias ante el equipo de Atención a la Mujer de la Guardia Civil, con sede en Tres Cantos. Una semana después, el caso recayó en el Juzgado de Instrucción número 39 de Madrid, que incoó las diligencias 487/2014. De forma paralela, fue el empresario López Madrid quien, por su parte, denunció llamadas amenazantes en un segundo juzgado de la capital. Por lo tanto, el caso quedó abierto en dos juzgados distintos (el 26 y el 39 de Madrid), con denuncias cruzadas por cada una de las partes.

El diez de abril de 2014, tres días antes de que López Madrid acudiera al juzgado, la doctora Pinto se presentó de nuevo en comisaría. A las ocho de la tarde la doctora presentó una serie de mensajes amenazantes recogidos en su teléfono móvil. Además, denunció haber sido víctima de un ataque con arma blanca. Según su relato, un hombre sin identificar le asestó una puñalada en el abdomen tras recoger a su hijo del colegio. La doctora paró en una calle poco transitada para buscar algo en el maletero. Fue en ese momento cuando recibió el corte mientras el agresor le advertía: “López Madrid quiere que cierres la boca”. Además, la doctora presentó más mensajes amenazantes. “Sabes que al final el destino de esto será que te matemos”, rezaba uno de ellos.

El 21 de mayo de 2014, la jueza Belén Sánchez tomó declaración por primera vez a César, el hijo mayor de Elisa Pinto. Con tan solo once años, mantuvo palabra por palabra las versiones aportadas con anterioridad tanto por él como por su madre ante policía y Guardia Civil. “Vi a mi madre con la camisa llena de sangre y me dijo que llamara al 112”, relató el menor sobre el asalto que presuntamente sufrió la doctora.

La instrucción se centró entonces en los números de teléfono. En especial, los agentes analizaron un terminal de la compañía Lebana que una ciudadana había encontrado y depositado también en comisaría. Desde el mismo se enviaron la mayoría de los mensajes amenazantes recibidos por la doctora Pinto. Al analizar las horas y el envío de los mensajes, los agentes se toparon con un dato extraño: en el momento de los envíos, el teléfono se encontraba siempre en las cercanías de la casa de la doctora Pinto donde, lógicamente, también se encontraba su teléfono personal. Se barajaron entonces dos hipótesis. O Elisa Pinto era sometida a seguimientos intensivos, o quien enviaba los mensajes estaba en realidad en su propio entorno.

LOS MENSAJES DEL SICARIO

La investigación prosiguió en los dos juzgados mientras Policía y Guardia Civil se afanaban por localizar al autor de los mensajes amenazantes. En el Juzgado de Instrucción número 26, Javier López Madrid mantenía que recibía amenazas en su teléfono desde el mes de octubre de 2013. El empresario reconocía haber tenido una relación personal con la dermatóloga pero aseguró que fue ella quien le presionaba hasta el acoso. Además, el consejero delegado del Grupo Villar Mir presentó ante el juez una batería de mensajes. Comunicaciones de texto enviadas a su teléfono y que parecían la prueba de que él había contratado a un sicario para que siguiera y agrediera a la doctora Pinto. Ante el juez, López Madrid negó haber contratado a sicario alguno y aseguró desconocer la procedencia de dichos mensajes.

APARECE EL COMISARIO VILLAREJO

En su declaración judicial de junio de 2014, López Madrid reconoce que, cuando se sintió acosado, buscó los servicios de una de las empresas vinculadas con el comisario José Villarejo. Fue entonces cuando la hostilidad del caso pasó a un siguiente nivel, desatándose un combate entre varios responsables policiales. La presión y el desconcierto era tal que los agentes pincharon el teléfono de los principales implicados. El 17 de junio de 2014, Elisa Pinto realizó una nueva ampliación de su denuncia “al no haber sido explícita con toda la información, movida por el terror a que Javier López Madrid y el comisario Villarejo me matasen en caso de revelar su identidad”. 

En el documento, la dermatóloga señaló directamente a alguien del entorno de comisario como la persona que le propinó la puñalada en el abdomen: “Quiero que quede claro en esta declaración: el hombre que me apuñaló el 13 de enero de 2014 es para mí un completo desconocido, pero el hombre que me apuñaló el 10 de abril de 2014 fue el mismo que acompañó a Javier López Madrid a mi despacho el 10 de diciembre de 2013. Por ese motivo -prosigue la denuncia de la doctora- mis hijos y yo vamos acompañados permanentemente de un escolta pues la posibilidad de que un comisario de policía y sus amigos sean los responsables de las agresiones sufridas por mí y por mis hijos en el último año […] genera un miedo y un temor al que es difícil enfrentarse”. 

En este mismo diario, la dermatóloga mantuvo una versión similar el pasado mes de marzo. “Lo que me han hecho es abominable”, relataba a EL ESPAÑOL en referencia al presunto acoso sexual que venía sufriendo con la “complicidad de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado”. Ahora, se ha negado a hablar con este periódico alegando que ya no habla con la prensa.

Y ENTONCES LLEGARON LOS INDIOS 

La investigación del caso quedó entonces en manos del comisario Jaime Barrado, responsable en esas fechas del distrito madrileño de Chamartín, donde Elisa Pinto interpuso su primera denuncia. En este punto se cruzó de nuevo una pelea policial. El detonante fue una investigación del Departamento de Asuntos Internos en el curso de la denominada ‘Operación Prima’, incoada para detectar a un topo policial que filtraba datos a un clan indio encabezado por el empresario Tarachan Varma.

En el marco de estas pesquisas se enfrentaron dos facciones policiales. De una parte, uno de los salpicados era el comisario Villarejo. De otra, aparecía el nombre de Jaime Barrado junto con otros agentes.

Fue entonces cuando el cerco sobre Villarejo se estrechó en el caso de la doctora Pinto. Tras la declaración de la dermatóloga, la jueza citó como imputado a un abogado del entorno del comisario. R.R. fue llamado a comparecer en una rueda de reconocimiento para esclarecer la puñalada a Elisa Pinto. Él fue la persona que acompañó como letrado a López Madrid a la reunión que la doctora cita en su denuncia. Sin embargo, el letrado no fue señalado en la rueda de reconocimiento y las acusaciones contra él quedaron archivadas.

El 11 de mayo de 2015, dos abogados vinculados a la ‘Operación Prima’ denunciaron a Barrado por maltrato. Lo hicieron primero ante la policía y después por medio del Colegio de Abogados de Madrid. En ambos lados relataron cómo el comisario había obligado a uno de ellos a desnudarse para confirmar que no llevaban encima una grabadora. Como prueba, los letrados presentaron una grabación del encuentro.

Un día después del incidente, el comisario de Chamartín emitió una nota informativa para la Jefatura Superior de Policía de Madrid. En el escrito, explicaba que uno de sus confidentes -el abogado al que pidió desnudar- señaló al comisario Villarejo como el topo que pasaba información confidencial a la red de la ‘Operación Prima’. Esta versión es diametralmente opuesta a lo declarado por varios de los acusados en la causa. La nota informativa mantiene que estas declaraciones se obtuvieron bajo coacción. El sumario del caso muestra también los seguimientos a los que fueron sometidos los abogados denunciantes.

IDENTIFICACIÓN Y PELEA

El 19 de mayo de 2015, una semana después del conflicto con los abogados, Elisa Pinto realizó ante el comisario Barrado un acta de reconocimiento fotográfico. En él, la dermatóloga reconoció en dos tandas distintas y sin género de dudas al comisario Villarejo como “el autor de las lesiones por apuñalamiento de arma blanca” que sufrió el 10 de abril de 2014. La identificación se realizó en dos tandas, comparando sendas imágenes del responsable policial con la de otras diez personas de una edad similar. Desde entonces, el juzgado que instruye el caso ha citado en dos ocasiones (el 16 de julio y 3 de septiembre) al comisario Villarejo para que acuda a una rueda de reconocimiento. El policía alegó en las dos ocasiones que se encontraba fuera de España por razones laborales.

Mientras tanto, el pasado 16 de junio el comisario Barrado vio cómo la dirección policial incoaba un expediente disciplinario en su contra por “hiperactividad policial” y era trasladado de forma forzosa desde la comisaría de Chamberí a Carabanchel. El Ministerio del Interior le impuso también una sanción preventiva, que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha obligado a retirar. 

LA SITUACIÓN ACTUAL DEL CASO

Dos años después de que la doctora Elisa Pinto presentara su primera denuncia, los informes policiales apuntan cada vez más a la tesis de un montaje, urdido personalmente por la dermatóloga o alguien de su entorno. En resumen, y si los informes policiales se confirman, Elisa Pinto o alguien cercano a ella se habría inventado las acusaciones contra López Madrid y habría confeccionado pruebas falsas para destruirle, involucrando al comisario Villarejo. Desde el entorno de la dermatóloga, por el contrario, mantienen que estos informen están hechos ad hoc por parte de la policía para perjudicarla y aseguran que aportaran pruebas sólidas para desacreditarlos. 

El pasado mes de julio, la Sección de Análisis de Conducta de la Unidad Central de Inteligencia Criminal envió su dictamen al juzgado. El peritaje analiza los mensajes extraídos del teléfono del empresario López Madrid. Mensajes que probarían la contratación de un asesino a sueldo para atacar a la doctora Pinto, que después intentaba extorsionar también al empresario.

La conclusión de los agentes es que los mensajes carecen de “ánimo de lucro”  y que corresponden en realidad a un sentimiento de “despecho”. “Nadie se cree tu historia. Ni siquiera a los que pagas”.”Nosotros te vamos a dar lo que te mereces, la cárcel y la fama en la prensa”, rezaban algunos de ellos.

En otros casos y según las conclusiones policiales, los mensajes son enviados al empresario con “la mera satisfacción de insultar y humillar: “Está loco y sus perversiones pasarán factura”. “Habrá que recordarla que eres un loco que quiere matarla”. “Tío en el fondo envidiamos que seas un picha brava”.

En uno de los puntos más importantes, los agentes descartan que los mensajes procedan en realidad de un asesino a sueldo. Y lo hacen con el argumento de que el auténtico remitente conoce detalles que un sicario nunca podría conocer tras escapar de la escena del crimen: “Hicimos lo que querías el jueves por la tarde. Iba con su hijo pequeño que no paraba de llorar. Fue en la tripa. ¡Cómo sangraba la puta! Ahora sí tiene miedo. Llevamos en la puerta de su casa varios días y no se ha atrevido a salir. La llevaron al Marañón en la uvi móvil y su hijo tenía un ataque”. “En la última puñalada habrías disfrutado”, dice otro de los mensajes. “En la tripa y de 10 centímetros. Su hijo pequeño ha chillado. Ella sangrando como una cerda y pidiéndole que no saliese del coche. La policía lleva a su hijo a casa mientras una uvi la lleva al Marañón”.

A juicio de los investigadores, “resulta llamativo que si el mensaje está escrito por uno de los supuestos agresores que tras cometer el delito se dio a la fuga, este sea conocedor de a qué hospital fue llevada ella. Y dónde trasladó la policía a su hijo, además del estado en el que se encontraba”. “Ambos hechos son incompatibles con la existencia de una tercera persona ajena a Elisa Pinto y contratada para agredirla”, explican los agentes.

SOSPECHAS SOBRE EL NIÑO

A juicio de los investigadores, “el autor de los mensajes encuentra satisfacción y se conforma con el mero hecho de insultar y humillar a la víctima y dejar claro que él es el inductor de las agresiones a Elisa Pinto”. Esta motivación “se puede corresponder con un sentimiento de despecho” hacia el consejero delegado del Grupo Villar Mir. Los expertos en análisis de conducta consideran que los mensaje son demasiado explícitos como para ser enviados por un auténtico sicario, ya que son “poco naturales y expontaneos”. “El autor de los mensajes puede tratarse de una persona muy cercana a a Elisa Pinto o incluso la propia Elisa Pinto”, refleja el documento policial.

El pasado mes de julio, los agentes propusieron al juez que tomara declaración de nuevo al hijo de la dermatóloga, el menor de 11 años que ha confirmado de forma sistemática todo lo aportado por su madre. Y le solicitaron que lo hiciera en presencia del fiscal de Menores y no de su madre, para evitar la contaminación de testigos. La primera medida aprobada por el juez fue un análisis caligráfico de la letra del menor, encargado a la Unidad Central de Criminalística de la Policía Científica.

En su informe, los agentes compararon dos notas amenazantes (una de ellas recibida por su propia madre) con varios exámenes de clase realizados por el hijo menor de la doctora. La conclusión de los investigadores (con la salvedad de que el informe se ha realizado sobre una muestra fotocopiada) no deja lugar a dudas. A juicio de la Policía Científica, la letra del pequeño César coincide con la de las amenazas que asegura haber recibido su madre.

Para saber más de López Madrid leer elespañol.com

El ‘sicario’ era la dermatóloga

La policía concluye que la doctora Pinto o alguien de su entorno envió mensajes al yerno de Villar Mir y se hizo pasar por un asesino a sueldo. Señala al hijo menor como autor de notas amenazantes contra su propia madre.

La policía cree que la dermatóloga Elisa Pinto se hizo pasar por un sicario, se autoenvió notas amenazantes y luego denunció al empresario Javier López Madrid para destruir su reputación. Para dificultar la investigación y según explican los informes policiales, la doctora hizo que su hijo de once años escribiera varias notas amenazantes. Luego, ella misma recibió esos mensajes en su casa y los presentó ante los agentes como prueba para acreditar su acoso.

Desde que se presentó la primera denuncia en diciembre de 2013, Policía, Guardia Civil, dos juzgados de instrucción y la fiscalía de Madrid tratan de determinar si la doctora Pinto fue víctima de acoso y agresiones por encargo o si, por el contrario, es la autora de un montaje que ha servido para desprestigiar tanto al empresario Javier López Madrid, yerno de Juan Miguel Villar Mir, como al comisario José Villarejo. Los últimos peritajes presentados ante la Justicia apuntalan con fuerza esta segunda tesis.

EL HOMBRE DEL TATUAJE

El 21 de diciembre de 2013, cuatro días antes de Navidad, la dermatóloga Elisa Pinto interpuso la primera denuncia por acoso. La doctora se presentó a primera hora de la tarde en la Comisaría de la Policía Nacional en el distrito madrileño de Chamartín acompañada por su hijo menor (en ese momento tenía nueve años). Aseguró que un individuo anónimo, de unos 50 años de edad, se había acercado al niño para lanzarle un mensaje. Antes, la dermatóloga había recibido llamadas amenazantes desde números ocultos. Mensajes velados que le ponían en alerta: “Tienes unos hijos muy guapos”.

Fue entonces cuando Elisa Pinto contó a los agentes que desde “marzo o abril de 2012” mantenía una relación de “coqueteo” con el empresario López Madrid. Una relación que se había torcido contra su voluntad hasta convertirse en acoso. Según su relato, el empresario llegó a su consulta para tratar un problema epitelial de su hija. El consejero delegado del Grupo Villar Mir consiguió su teléfono personal y tras varios meses, terminó haciéndole proposiciones groseras que se transformaron en acoso.

A lo largo de los días siguientes, la doctora acudió de nuevo a comisaría junto a su hijo para aportar más datos. El menor declaró haber visto de nuevo al hombre desconocido, al menos en tres ocasiones, a la salida del colegio. El 13 de enero de 2014, Elisa Pinto realizó una nueva ampliación de su denuncia. Aseguró entonces que había sido acuchillada en el hombro izquierdo a la salida del colegio de su hijo. Siempre según su versión, el agresor era una persona de unos 50 años de edad, con abrigo gris y “un tatuaje circular en la mano derecha”. El parte de lesiones expedido en el hospital Gregorio Marañón de Madrid confirma que la denunciante tenía una “herida incisa de tres centímetros en el hombro”.

Mensajes amenazantes recibidos por la doctora Pinto.

Mensajes amenazantes recibidos por la doctora Pinto.

DENUNCIAS CRUZADAS

El 9 de abril de 2014, Elisa Pinto ratificó sus denuncias ante el equipo de Atención a la Mujer de la Guardia Civil, con sede en Tres Cantos. Una semana después, el caso recayó en el Juzgado de Instrucción número 39 de Madrid, que incoó las diligencias 487/2014. De forma paralela, fue el empresario López Madrid quien, por su parte, denunció llamadas amenazantes en un segundo juzgado de la capital. Por lo tanto, el caso quedó abierto en dos juzgados distintos (el 26 y el 39 de Madrid), con denuncias cruzadas por cada una de las partes.

El diez de abril de 2014, tres días antes de que López Madrid acudiera al juzgado, la doctora Pinto se presentó de nuevo en comisaría. A las ocho de la tarde la doctora presentó una serie de mensajes amenazantes recogidos en su teléfono móvil. Además, denunció haber sido víctima de un ataque con arma blanca. Según su relato, un hombre sin identificar le asestó una puñalada en el abdomen tras recoger a su hijo del colegio. La doctora paró en una calle poco transitada para buscar algo en el maletero. Fue en ese momento cuando recibió el corte mientras el agresor le advertía: “López Madrid quiere que cierres la boca”. Además, la doctora presentó más mensajes amenazantes. “Sabes que al final el destino de esto será que te matemos”, rezaba uno de ellos.

Parte de lesiones del día de la presunta agresión.

Parte de lesiones del día de la presunta agresión.

El 21 de mayo de 2014, la jueza Belén Sánchez tomó declaración por primera vez a César, el hijo mayor de Elisa Pinto. Con tan solo once años, mantuvo palabra por palabra las versiones aportadas con anterioridad tanto por él como por su madre ante policía y Guardia Civil. “Vi a mi madre con la camisa llena de sangre y me dijo que llamara al 112”, relató el menor sobre el asalto que presuntamente sufrió la doctora.

La instrucción se centró entonces en los números de teléfono. En especial, los agentes analizaron un terminal de la compañía Lebana que una ciudadana había encontrado y depositado también en comisaría. Desde el mismo se enviaron la mayoría de los mensajes amenazantes recibidos por la doctora Pinto. Al analizar las horas y el envío de los mensajes, los agentes se toparon con un dato extraño: en el momento de los envíos, el teléfono se encontraba siempre en las cercanías de la casa de la doctora Pinto donde, lógicamente, también se encontraba su teléfono personal. Se barajaron entonces dos hipótesis. O Elisa Pinto era sometida a seguimientos intensivos, o quien enviaba los mensajes estaba en realidad en su propio entorno.

LOS MENSAJES DEL SICARIO

La investigación prosiguió en los dos juzgados mientras Policía y Guardia Civil se afanaban por localizar al autor de los mensajes amenazantes. En el Juzgado de Instrucción número 26, Javier López Madrid mantenía que recibía amenazas en su teléfono desde el mes de octubre de 2013. El empresario reconocía haber tenido una relación personal con la dermatóloga pero aseguró que fue ella quien le presionaba hasta el acoso. Además, el consejero delegado del Grupo Villar Mir presentó ante el juez una batería de mensajes. Comunicaciones de texto enviadas a su teléfono y que parecían la prueba de que él había contratado a un sicario para que siguiera y agrediera a la doctora Pinto. Ante el juez, López Madrid negó haber contratado a sicario alguno y aseguró desconocer la procedencia de dichos mensajes.

Mensajes recibidos por Javier López Madrid.

Mensajes recibidos por Javier López Madrid.

APARECE EL COMISARIO VILLAREJO

En su declaración judicial de junio de 2014, López Madrid reconoce que, cuando se sintió acosado, buscó los servicios de una de las empresas vinculadas con el comisario José Villarejo. Fue entonces cuando la hostilidad del caso pasó a un siguiente nivel, desatándose un combate entre varios responsables policiales. La presión y el desconcierto era tal que los agentes pincharon el teléfono de los principales implicados. El 17 de junio de 2014, Elisa Pinto realizó una nueva ampliación de su denuncia “al no haber sido explícita con toda la información, movida por el terror a que Javier López Madrid y el comisario Villarejo me matasen en caso de revelar su identidad”.

En el documento, la dermatóloga señaló directamente a alguien del entorno de comisario como la persona que le propinó la puñalada en el abdomen: “Quiero que quede claro en esta declaración: el hombre que me apuñaló el 13 de enero de 2014 es para mí un completo desconocido, pero el hombre que me apuñaló el 10 de abril de 2014 fue el mismo que acompañó a Javier López Madrid a mi despacho el 10 de diciembre de 2013. Por ese motivo -prosigue la denuncia de la doctora- mis hijos y yo vamos acompañados permanentemente de un escolta pues la posibilidad de que un comisario de policía y sus amigos sean los responsables de las agresiones sufridas por mí y por mis hijos en el último año […] genera un miedo y un temor al que es difícil enfrentarse”.

En este mismo diario, la dermatóloga mantuvo una versión similar el pasado mes de marzo. “Lo que me han hecho es abominable”, relataba a EL ESPAÑOL en referencia al presunto acoso sexual que venía sufriendo con la “complicidad de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado”. Ahora, se ha negado a hablar con este periódico alegando que ya no habla con la prensa.

Y ENTONCES LLEGARON LOS INDIOS

La investigación del caso quedó entonces en manos del comisario Jaime Barrado, responsable en esas fechas del distrito madrileño de Chamartín, donde Elisa Pinto interpuso su primera denuncia. En este punto se cruzó de nuevo una pelea policial. El detonante fue una investigación del Departamento de Asuntos Internos en el curso de la denominada ‘Operación Prima’, incoada para detectar a un topo policial que filtraba datos a un clan indio encabezado por el empresario Tarachan Varma.

En el marco de estas pesquisas se enfrentaron dos facciones policiales. De una parte, uno de los salpicados era el comisario Villarejo. De otra, aparecía el nombre de Jaime Barrado junto con otros agentes.

Fue entonces cuando el cerco sobre Villarejo se estrechó en el caso de la doctora Pinto. Tras la declaración de la dermatóloga, la jueza citó como imputado a un abogado del entorno del comisario. R.R. fue llamado a comparecer en una rueda de reconocimiento para esclarecer la puñalada a Elisa Pinto. Él fue la persona que acompañó como letrado a López Madrid a la reunión que la doctora cita en su denuncia. Sin embargo, el letrado no fue señalado en la rueda de reconocimiento y las acusaciones contra él quedaron archivadas.

El 11 de mayo de 2015, dos abogados vinculados a la ‘Operación Prima’ denunciaron a Barrado por maltrato. Lo hicieron primero ante la policía y después por medio del Colegio de Abogados de Madrid. En ambos lados relataron cómo el comisario había obligado a uno de ellos a desnudarse para confirmar que no llevaban encima una grabadora. Como prueba, los letrados presentaron una grabación del encuentro.

Un día después del incidente, el comisario de Chamartín emitió una nota informativa para la Jefatura Superior de Policía de Madrid. En el escrito, explicaba que uno de sus confidentes -el abogado al que pidió desnudar- señaló al comisario Villarejo como el topo que pasaba información confidencial a la red de la ‘Operación Prima’. Esta versión es diametralmente opuesta a lo declarado por varios de los acusados en la causa. La nota informativa mantiene que estas declaraciones se obtuvieron bajo coacción. El sumario del caso muestra también los seguimientos a los que fueron sometidos los abogados denunciantes.

Imágenes de los abogados en los informes policiales.

Imágenes de los abogados en los informes policiales.

IDENTIFICACIÓN Y PELEA

El 19 de mayo de 2015, una semana después del conflicto con los abogados, Elisa Pinto realizó ante el comisario Barrado un acta de reconocimiento fotográfico. En él, la dermatóloga reconoció en dos tandas distintas y sin género de dudas al comisario Villarejo como “el autor de las lesiones por apuñalamiento de arma blanca” que sufrió el 10 de abril de 2014. La identificación se realizó en dos tandas, comparando sendas imágenes del responsable policial con la de otras diez personas de una edad similar. Desde entonces, el juzgado que instruye el caso ha citado en dos ocasiones (el 16 de julio y 3 de septiembre) al comisario Villarejo para que acuda a una rueda de reconocimiento. El policía alegó en las dos ocasiones que se encontraba fuera de España por razones laborales.

Mientras tanto, el pasado 16 de junio el comisario Barrado vio cómo la dirección policial incoaba un expediente disciplinario en su contra por “hiperactividad policial” y era trasladado de forma forzosa desde la comisaría de Chamberí a Carabanchel. El Ministerio del Interior le impuso también una sanción preventiva, que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha obligado a retirar.

LA SITUACIÓN ACTUAL DEL CASO

Dos años después de que la doctora Elisa Pinto presentara su primera denuncia, los informes policiales apuntan cada vez más a la tesis de un montaje, urdido personalmente por la dermatóloga o alguien de su entorno. En resumen, y si los informes policiales se confirman, Elisa Pinto o alguien cercano a ella se habría inventado las acusaciones contra López Madrid y habría confeccionado pruebas falsas para destruirle, involucrando al comisario Villarejo. Desde el entorno de la dermatóloga, por el contrario, mantienen que estos informen están hechos ad hoc por parte de la policía para perjudicarla y aseguran que aportaran pruebas sólidas para desacreditarlos.

El pasado mes de julio, la Sección de Análisis de Conducta de la Unidad Central de Inteligencia Criminal envió su dictamen al juzgado. El peritaje analiza los mensajes extraídos del teléfono del empresario López Madrid. Mensajes que probarían la contratación de un asesino a sueldo para atacar a la doctora Pinto, que después intentaba extorsionar también al empresario.

La conclusión de los agentes es que los mensajes carecen de “ánimo de lucro”  y que corresponden en realidad a un sentimiento de “despecho”. “Nadie se cree tu historia. Ni siquiera a los que pagas”.”Nosotros te vamos a dar lo que te mereces, la cárcel y la fama en la prensa”, rezaban algunos de ellos.

En otros casos y según las conclusiones policiales, los mensajes son enviados al empresario con “la mera satisfacción de insultar y humillar: “Está loco y sus perversiones pasarán factura”. “Habrá que recordarla que eres un loco que quiere matarla”. “Tío en el fondo envidiamos que seas un picha brava”.

En uno de los puntos más importantes, los agentes descartan que los mensajes procedan en realidad de un asesino a sueldo. Y lo hacen con el argumento de que el auténtico remitente conoce detalles que un sicario nunca podría conocer tras escapar de la escena del crimen: “Hicimos lo que querías el jueves por la tarde. Iba con su hijo pequeño que no paraba de llorar. Fue en la tripa. ¡Cómo sangraba la puta! Ahora sí tiene miedo. Llevamos en la puerta de su casa varios días y no se ha atrevido a salir. La llevaron al Marañón en la uvi móvil y su hijo tenía un ataque”. “En la última puñalada habrías disfrutado”, dice otro de los mensajes. “En la tripa y de 10 centímetros. Su hijo pequeño ha chillado. Ella sangrando como una cerda y pidiéndole que no saliese del coche. La policía lleva a su hijo a casa mientras una uvi la lleva al Marañón”.

A juicio de los investigadores, “resulta llamativo que si el mensaje está escrito por uno de los supuestos agresores que tras cometer el delito se dio a la fuga, este sea conocedor de a qué hospital fue llevada ella. Y dónde trasladó la policía a su hijo, además del estado en el que se encontraba”. “Ambos hechos son incompatibles con la existencia de una tercera persona ajena a Elisa Pinto y contratada para agredirla”, explican los agentes.

SOSPECHAS SOBRE EL NIÑO

A juicio de los investigadores, “el autor de los mensajes encuentra satisfacción y se conforma con el mero hecho de insultar y humillar a la víctima y dejar claro que él es el inductor de las agresiones a Elisa Pinto”. Esta motivación “se puede corresponder con un sentimiento de despecho” hacia el consejero delegado del Grupo Villar Mir. Los expertos en análisis de conducta consideran que los mensaje son demasiado explícitos como para ser enviados por un auténtico sicario, ya que son “poco naturales y expontaneos”. “El autor de los mensajes puede tratarse de una persona muy cercana a a Elisa Pinto o incluso la propia Elisa Pinto”, refleja el documento policial.

Una de las notas atribuidas al hijo de la dermatóloga.

Una de las notas atribuidas al hijo de la dermatóloga.

El pasado mes de julio, los agentes propusieron al juez que tomara declaración de nuevo al hijo de la dermatóloga, el menor de 11 años que ha confirmado de forma sistemática todo lo aportado por su madre. Y le solicitaron que lo hiciera en presencia del fiscal de Menores y no de su madre, para evitar la contaminación de testigos. La primera medida aprobada por el juez fue un análisis caligráfico de la letra del menor, encargado a la Unidad Central de Criminalística de la Policía Científica.

En su informe, los agentes compararon dos notas amenazantes (una de ellas recibida por su propia madre) con varios exámenes de clase realizados por el hijo menor de la doctora. La conclusión de los investigadores (con la salvedad de que el informe se ha realizado sobre una muestra fotocopiada) no deja lugar a dudas. A juicio de la Policía Científica, la letra del pequeño César coincide con la de las amenazas que asegura haber recibido su madre.

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Javier López Madrid, exculpado de las acusaciones de acoso de la doctora Elisa Pinto

El caso ganó notoriedad por la relevancia pública de López Madrid, consejero de OHL

  • La dermatóloga será imputada por un delito contra la integridad moral

  • La doctora utilizó a su hijo menor de edad para recrear los delitos y crear pruebas falsas

La Policía Nacional ha concluido la investigación sobre el supuesto acoso sexual que sufrió la dermatóloga Elisa Pinto por parte de Javier López Madrid, consejero de OHL y yerno de Juan Miguel Villar Mir. Las conclusiones exculpan al directivo y además suponen la imputación de Pinto por un delito contra la integridad moral.

Así lo asegura El Confidencial, que cita fuentes cercanas al caso. El escándalo saltó a la prensa el pasado mes de marzo, después de saberse que la doctora había denunciado en repetidas ocasiones al empresario. Según estas denuncias, presentadas en una comisaría de Madrid, Elisa Pinto habría recibido mensajes con alto contenido sexual y fue víctima de lesiones por arma blanca por encargo de su presunto acosador.

Las juezas han acordado citar a declarar como imputada de manera inmediata a Pinto por un delito contra la integridad moral

El caso ganó notoriedad por la relevancia pública de López Madrid. Las acusaciones de la dermatóloga llevaron a la apertura de un procedimiento judicial y López Madrid presentó a su vez una denuncia contra la mujer por acusarle falsamente que dio origen a otra investigación judicial. Después de nueve meses, las juezas de ambos tribunales han resuelto que no hay ninguna prueba que incrimine a López Madrid en los hechos denunciados por Pinto.

PRUEBAS FALSAS

Según El Confidencial, la doctora utilizó a su hijo menor de edad para recrear los delitos y crear pruebas falsas. La prueba más contundente del informe se desprende, de esta manera, de una nota escrita a mano que contenía amenazas y que, según la doctora, había sido remitida por Javier López Madrid.

La doctora utilizó a su hijo menor de edad para recrear los delitos y crear pruebas falsas

Según los especialistas de la policía, esta carta fue redactada por el hijo de diez años de Elisa Pinto. Además de ser falsa, esta prueba podría provocar que la doctora perdiera la custodia del menor.

La titular del juzgado de instrucción número 26 de Madrid, responsable del procedimiento abierto tras la denuncia de López Madrid, ha decidido levantar el secreto de sumario este miércoles, una medida a la que sumará en los próximos días la otra juez, titular del juzgado número 39. Las dos han acordado citar a declarar como imputada de manera inmediata a Pinto por un delito contra la integridad moral.

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Informes policiales desmienten la versión de la doctora Pinto contra López Madrid

Los informes que se han hecho públicos sobre el caso López Madrid exculpan al empresario y amigo de Felipe VI de las acusaciones de acoso y agresión.

 

La doctora Elisa Pinto, que denunció al empresario Javier López Madrid por acoso sexual, podría haberse inventado las acusaciones. Así lo señalan dos informes policiales elaborados para aclarar el caso publicados este viernes por El Confidencial.

El informe policial señala no haber encontrado ningún indicio de que existiera coacción alguna por parte de Javier López Madrid. Además, señala que la doctora Pinto habría inventado y fabricado todas las pruebas que aportó en comisaría para tratar de incriminar a su presunto agresor.

Cartas manuscritas

La investigación, a cargo de los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) concluye que la doctora utilizó como prueba contra López Madrid cartas manuscritas que había recibido en su vivienda particular en las que el empresario, supuestamente la amenazaba con recurrir a sus poderosos amigos si sacaba a la luz que habían mantenido una relación. López Madrid es el consejero delegado del grupo Villar Mir, yerno del presidente de la compañía, Juan Miguel Villar Mir, y amigo del rey Felipe VI.

 

Una de las conclusiones a la que han llegado los investigadores es que los manuscritos presentados por la doctora como prueba no son del puño y letra de López Madrid sino del hijo de Pinto, de diez años. Según El Confidencial, los especialistas del Servicio de Documentoscopia de la Unidad Central de Criminalística de la Comisaría General de Policía Científica habrían comparado los textos aportados por la doctora con exámenes del niño en el colegio. Según su conclusión, el tamaño de la letra y “la configuración de la caja caligráfica” así como la “morfología de los óvalos” o “la utilización de modelos de escritura tipográfico” o semejanzas en “habitualismos gráficos y gesto-tipo” permiten concluir que se trata del mismo autor, el niño de 10 años.

En cualquier caso, la Policía Nacional presenta otro informe en el que deja a Pinto a las puertas de una doble imputación por delito contra la integridad moral y acusación falsa.

Mensajes telefónicos

Otra de las pruebas presentadas por la doctora Pinto fueron mensajes obscenos en su teléfono móvil. Según el informe de la policía, las distintas tarjetas sim desde las que se efectuaron esos mensajes fueron compradas por la propia doctora Pinto. Para llegar a esa conclusión, la Policía ha encontrado al antiguo dueño de un locutorio que ya ha cerrado pero que ha dicho reconocer a la supuesta víctima de acoso como clienta habitual.

Según el informe que aporta El Confidencial, la doctora habría falseado durante dos años los nombres de las titulares de las 8 tarjetas empleadas para enviar los mensajes obscenos. Todas eran mujeres y, según la Policía, a nombre de personas buscadas al azar en Internet en documentos donde aparece el nombre y el DNI como son los anuncios del BOE. Así, la doctora Pinto habría estado falseando mensajes obscenos a su móvil durante dos años comprando tarjetas sim y poniéndolas a nombre de otras mujeres.

En opinión de la Policía, esta evidencia demuestra que fue la propia doctora la que adquirió las tarjetas en tres comercios distintos y utilizó nombres falsos para que nadie pudiera relacionarla con esos números. Posteriormente, utilizó esas tarjetas para remitir los mensajes y llamadas que luego utilizaría como pruebas.

El ataque en el coche

Este informe también dice que el ataque que supuestamente había recibido la doctora pinto en su coche fue falso. Denunció que un hombre se había metido en su coche y le había agredido con un arma blanca. Según Pinto, ese hombre había sido el comisario José Manuel Villarejo. Pues bien, según la Policía, unas cámaras de video vigilancia desmienten a la doctora, ya que aparece en el video, pero no se acerca nadie al coche, pero sí se le ve, dice el informe, realizando una de sus falsas llamadas.

Para saber más de López Madrid leer libertaddigital.com

Caso López Madrid: dos informes prueban que la Dra. Pinto se inventó el acoso sexual

La investigación realizada por la Policía Nacional para aclarar el presunto acoso que supuestamente había sufrido la doctora Elisa Pinto por parte del empresario Javier López Madrid ha concluido determinando que no solo no hay ningún indicio de que existiera algún tipo de coacción, sino que la dermatóloga habría fabricado todas las pruebas que aportó en comisaría para tratar de incriminar a su presunto agresor, como adelanto El Confidencial este miércoles.

Dos informes a los que ha tenido acceso El Confidencial corroboran esas conclusiones. Se trata de los resultados de las investigaciones que han realizado los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) que asumieron el caso bajo la coordinación de la Comisaría General de Policía Judicial y la tutela de los dos juzgados de Plaza de Castilla en los que se investigan las denuncias que se cruzaron los principales protagonistas de este escabroso episodio, los juzgados número 26 y 39.

Por un lado, la doctora Pinto utilizó como prueba contra López Madrid, entre otros elementos, dos cartas manuscritas que había recibido en su vivienda particular en las que supuestamente el empresario (consejero delegado del Grupo Villar Mir, yerno del presidente de la compañía y amigo íntimo de Felipe VI) la amenazaba con recurrir a sus poderosos contactos si trataba de desvelar la presunta relación sentimental que ambos habían mantenido.

El autor de las cartas es el hijo de Pinto

Pinche en la imagen para leer el documento.© Proporcionado por El Confidencial

Pinto esgrimió esas cartas para lograr que se le impusiera una orden de alejamiento a su presunto agresor. Sin embargo, la Policía ha conseguido acreditar ahora que el empresario no tuvo nada que ver con la autoría de esos documentos. Según consta en uno de los informes incluidos en el sumario del caso, los especialistas del Servicio de Documentos copia de la Unidad Central de Criminalística de la Comisaría General de Policía Científica han concluido que el presunto responsable de los manuscritos sería el hijo de la dermatóloga, un niño de 10 años que reside con ella.

Los investigadores han llegado a esa certeza tras comparar las amenazas con cinco exámenes manuscritos por el niño que fueron aportados por su colegio. “Existen analogías en cuanto a las características de ejecución de las muestras, en el aspecto general de ambos grupos de textos y de las características de los elementos constitutivos y estructurales”, sostienen los expertos. “Se establecen relaciones de coincidencia en el similar tamaño de las letras, configuración de la caja caligráfica, en las proporciones en la utilización de modelos de escritura tipográfico [sic] así como en la morfología de óvalos que son de trazado imperfecto, desarrollo levógiro, (…) semejanzas en habitualismos gráficos y gesto-tipo”. Por todo ello, los profesionales del Servicio de Documentos copia consideran que los textos comparados “han sido realizados por la misma persona”: el hijo menor de la supuesta víctima del acoso.

Mensajes de alto contenido sexual

Pinche en la imagen para leer la segunda parte del documento.©

Proporcionado por El Confidencial

El informe, de 19 páginas de extensión, reproduce con extrema minuciosidad todos los elementos en los que se apoyan los expertos para sustentar que la dermatóloga recurrió a su propio hijo para fabricar esas pruebas. Pero la Policía Nacional también ha aportado otro contundente informe que deja a Pinto a las puertas de una doble imputación por delito contra la integridad moral y acusación falsa.

En ese segundo informe, los agentes se centraron en las supuestas llamadas y mensajes amenazantes y de alto contenido sexual que, según la dermatóloga, López Madrid le envió a su teléfono desde un número de móvil desconocido. Uno de los mensajes aportados a los tribunales, por ejemplo, es una nota de voz enviada a través de WhatsApp en la que una voz susurra: “Quiero oír tus gemidos, doctora”. Asimismo, en otra nota de voz, la doctora asegura que el consejero delegado del Grupo Villar Mir le dice: “Me estoy tocando para ti desde hace media hora”.

Los investigadores de la UDEV investigaron esos mensajes para tratar de averiguar si, como aseguraba la presunta víctima, el autor de todos ellos había sido el amigo de Felipe VI. Los agentes acudieron a los comercios en los que se habían comprado las tarjetas de teléfono que se habían utilizado para remitir esas comunicaciones. Los hasta ocho números distintos utilizados habían sido adquiridos a lo largo de 2014 y los primeros meses de 2015 en tres comercios de la capital situados en un radio de solo 200 metros.

La doctora compró las tarjetas de teléfono

Pinche en la imagen para leer el segundo documento.

Proporcionado por El Confidencial

Uno de los establecimientos ya había cerrado pero los investigadores localizaron a sus antiguos empleados. Al menos uno de ellos reconoció a la doctora Pinto como clienta habitual de su locutorio. Aseguró que lo visitaba cada dos meses y que además de comprar teléfonos y tarjetas también se conectaba a internet desde los ordenadores que tenía a disposición del público. Así consta en el segundo informe remitido por la Policía a los dos juzgados de Madrid en los que se investiga el supuesto acoso de López Madrid.

Los agentes también comprobaron que ninguno de los tres comercios podía garantizar que las tarjetas hubieran sido compradas por las personas que figuraban como titulares de esos números. Los ocho teléfonos desde los que se habían enviado las supuestas amenazas pertenecían a mujeres con nombres que aparentemente no tenían ningún tipo de conexión con López Madrid ni con la doctora Pinto. Sin embargo, los investigadores descubrieron que esas identidades y sus correspondientes DNI estaban a disposición de cualquier persona en internet. Al menos dos de los nombres fueron extraídos de un mismo documento publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Ninguna de las mujeres tenían conexión con esta trama.

En opinión de los agentes, esas evidencias demostrarían que la propia doctora adquirió las tarjetas telefónicas en esos tres comercios y que utilizó nombres falsos para que nadie pudiera relacionarle con esos números. A continuación, habría empleados esas tarjetas para remitir los mensajes y las llamadas que utilizó como prueba para acusar a López Madrid de haberla acosado sexualmente de forma sostenida durante casi dos años.

Un falso ataque dentro del coche

Hay otras indicios que fulminan la versión de Pinto, como ya reveló El Confidencial. En comisaría aseguró que un hombre había introducido dentro su coche y la había agredido con un arma blanca. Aseguró que el autor de la agresión había sido el comisario José Manuel Villarejo, al parecer, amigo de López Madrid. Los expertos de la UDEV acudieron al lugar en el que la doctora declaró haber sufrido el ataque y comprobaron que cerca había un edificio con cámaras de videovigilancia, por lo que procedieron a solicitar las imágenes. Los investigadores comprobaron que, efectivamente, en la captura aparecía el coche que conducía entonces Pinto, pero no sólo no se acerca nadie al automóvil, sino que en las imágenes se aprecia a la dermatóloga realizando tranquilamente una de las falsas llamadas amenazantes del yerno de Villar Mir.

La titular del Juzgado de Instrucción número 26 de Madrid levantó el secreto de sumario este miércoles y previsiblemente tomará la misma decisión la próxima semana la jueza del número 39. Según fuentes próximas a la investigación, las magistradas se inclinan en estos momentos por citar a declarar inmediatamente a Pinto en calidad de imputada por atentar contra la integridad moral de López Madrid y también por ofrecer a la Fiscalía, el propio empresario y el comisario Villarejo la posibilidad de iniciar nuevas acciones penales contra ella por haber presentado una acusación falsa.

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¡Acosada!

Feministas radicales, periodistas ultrafeministas y vengadores de los explotados por los ricos disfrutaron la pasada primavera con entusiasmo del mejor caso posible para ejercer la justicia de género y la guerra de clases.

Un señorito despechado acosaba e incluso ordenaba acuchillar a una antigua amante ante un hijo de ella de ocho años para que no lo denunciara, haciéndoles vivir a ambos un terror permanente.

A Javier López Madrid, yerno de uno de los primeros empresarios españoles, Juan Miguel Villar Mir, consejero de su empresa OHL y amigo de estudios de Felipe VI, fue despedazado en los medios informativos por rico y machista violento.

Luego, ya se encargaría la justicia de él por haber acosado sexualmente a la dermatóloga de su familia.

Desde marzo hubo una orgía de grandes titulares y programas de televisión que premiaban las obsesiones de periodistas chillonas ?La Sexta– que ven en todo hombre un violador.

La atractiva doctora Elisa Pinto, la mártir, presentaba en el juzgado 26 de Madrid sus denuncias, y el agresor, que lo negaba todo, las suyas en el 39, regidos ambos por juezas.

Leyendo un periódico, Alejandra Soto, hija de un antiguo jefe de Pinto, descubrió que aquella historia era la sufrida en 1993 por su padre, quien para evitar un escándalo le pagó a Elisa un chantaje de dos millones de pesetas.

Esta señora es una chantajista, denunció Soto ante la policía, que ya sabía que las llamadas con amenazas se las hacía a sí misma con distintos teléfonos, que ordenaba a su propio hijo escribir las cartas pornográficas, y que el acuchillamiento era un montaje.

Ahora van a acosarla, pero las juezas, y posiblemente perderá la custodia del hijo e irá a la cárcel, pena pequeña comparada con la sufrida por López Madrid, y comparada también con la que hubiera padecido él si las denuncias hubieran resultado ciertas.

Más aún, nada le ocurrirá a quienes convirtieron a la verdadera víctima en un criminal sexual.

Para saber más de Javier López Madrid leer globedia.com

Vuelco en el caso que enfrenta a López Madrid y la doctora Pinto

Informes policiales apuntan a la inocencia del empresario. La dermatóloga habría fabricado pruebas.

En los primeros meses de 2015 estalló un escándalo que salpicaba al empresario Javier López Madrid, consejero delegado del OHL y amigo íntimo del rey Felipe VI. La dermatóloga Elisa Pinto aseguraba haber sido acosada y amenazada por él, así como apuñalada en dos ocasiones, una de ellas en presencia de su hijo, por alguien no identificado. Después, ella misma identificó en sede policial como el presunto agresor al famoso comisario José Manuel Villarejo. Sin embargo, dos informes policiales incorporados a la causa judicial y desvelados por El Confidencial apuntan a un giro de ciento ochenta grados en este oscuro asunto. Los investigadores de la Policía Nacional concluyen que la doctora se habría inventado el acoso y hasta habría fabricado pruebas falsas.

López Madrid está casado con Silvia Villar Mir, hija del célebre empresario Juan Miguel Villar Mir. Este matrimonio conoció a la dermatóloga Elisa Pinto en 2012, cuando los dos acudieron como pacientes a la clínica donde ella trabaja. Lo que empezó siendo una amistad acabó en los tribunales. En 2014 López Madrid y Elisa Pinto interpusieron denuncias cruzadas en los juzgados por acoso. Se abrieron sendas causas judiciales en los juzgados número 26 y número 39 de Madrid. La batalla judicial transcurrió en secreto hasta que el pasado febrero se hizo pública.

LA DOCTORA ACUSA A VILLAREJO
Una vez que el caso saltó a los medios, la propia doctora concedió dos entrevistas a EL ESPAÑOL y Vozpópuli. Y en ellas aseguró que había sido acosada por López Madrid de forma continuada durante varios años. Afirmó que el empresario le había contado que en su día había contratado a Villarejo porque así se lo había recomendado el político Francisco Granados, hoy encarcelado por su supuesto papel en el caso Púnica.

En las citadas entrevistas Elisa Pinto afirmó que el hombre que la había apuñalado en abril de 2014 era el mismo que tiempo antes había visitado su clínica junto a López Madrid. Un hombre misterioso, según ella, que se habría identificado como abogado del empresario. Tiempo después, ella reconoció en dos fotografías, una antigua y otra reciente, al presunto autor del apuñalamiento: el comisario José Manuel Villarejo, quien siempre ha negado tajantemente esta hipótesis.

A los largo de los últimos meses, otros muchos medios, entre ellos El País yEl Mundo, también se han hecho eco de este caso. Y se ha publicado, entre otras cosas, que Villarejo evitó en dos ocasiones acudir a una rueda de reconocimiento, así como que las fiscales del caso habrían recibido presiones para cerrarlo.

LOS DOS INFORMES POLICIALES
Esta semana ha llegado el vuelco en el caso. El diario El Confidencial ha desvelado varios informes policiales que obran en las causas judiciales sobre este asunto. Uno de ellos apunta a que la doctora Pinto habría utilizado a su hijo, menor de edad, para elaborar un manuscrito que presentó cómo prueba del acoso del que decía ser víctima. Ahora, los agentes de la UDEV, coordinados por la Comisaría General de Policía Judicial, han analizado la letra del niño en varios exámenes de su colegio y la han cotejado con el citado manuscrito. Y la conclusión es que el hijo de la dermatóloga sería el autor de la nota amenazante.

En román paladino, ella habría utilizado a su hijo para fabricar una prueba falsa. En otros informes policiales también se pone en entredicho la versión que defiende la doctora y se apunta, por tanto, a la inocencia de López Madrid. Sin embargo, fuentes del entorno de la dermatóloga insisten a este diario en la tesis de que ella es inocente y una víctima de acoso. Según ha podido saber EL ESPAÑOL, se ha levantado el secreto de sumario en la causa abierta en el juzgado número 39 y se ha dado traslado a las partes de tres oficios policiales. Parece ser que es el paso previo al archivo del caso contra el empresario.

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